Ganar una copa del mundo es un sueño que ocurre pocas veces y que se disfruta más cuando ocurre por primera vez. España ha derrotado a Holanda en el campo pero también ha vencido a rivales ancestrales que le impidieron por muchos años alcanzar el puesto de honor. Excesivos favoritismos que se reproducían cada cuatro años como vicios insaciables; alta pretensión por tener una de las mejores ligas que en los mundiales no mostraba dividendos y una falta de unión nacional reflejada en un himno sin letra.
Muchos hablan ahora de la gran unión nacional alrededor de la selección española. Los festejos en ciudades como Bilbao o Barcelona han aumentado el eco de que la historia ha cambiado y ahora existe un solo nacionalismo español producto del gol de Iniesta. Se confunde un estandarte multinacionalista como la selección y se le confecciona como símbolo monárquico de ese nacionalismo disoluto y centralista.
Cuando se habla de nacionalismo siempre aparecen como primera imagen los nacionalismos minoritarios. Los vascos con sus bombas y los catalanes pidiendo el estatuto. El Barça siempre fue un símbolo del carácter nacional catalán. El Camp Nou es el templo del equipo que en tiempos franquistas sirvió también como el único foro para la libertad de expresión. Sin embargo, en los últimos años de éxitos, la directiva precedida por Joan Laporta buscó de sobremanera convertir al equipo en una plataforma política independentista. Que a nadie le sorprenda que ahora después del partido existan españoles súper fanáticos de la “roja” comentando que echarían a Piqué y Puyol de la selección por ser catalanes.
Del otro lado del campo poco se dice del nacionalismo español, presente hasta en el estadio con la aparición de la Reina Sofía en los palcos y el vestidor. Si la asistencia de Angela Merkel contra Argentina significó un impulso a su partido y mayor aceptación para su gobierno, la visita de la Reina Sofía es un recordatorio del carácter monárquico de los españoles. Esa España mayoritaria sigue siendo como un niño. Deambula perennemente con un sentimiento egoísta de corazón que la ha encaprichado con una idea que está irremediablemente condenada al fracaso.
La España monárquica piensa que puede reivindicar con el éxito de la selección sus fracasos políticos. Imagina que el futuro en comunión con sus partes será próspero a partir de la conquista de un campeonato mundial. Defiende que el fútbol le da los méritos suficientes parar integrar a las multitudes y profesar una nueva identidad cargada de antiguos y reaccionarios símbolos. Ganar la guerra como potencia mayoritaria con un balón de por medio.
Para su desgracia este equipo campeón tiene nombre español pero el apellido es catalán. El nombre de familia con el que se distingue al equipo proviene de la calle Arístides Maillol en Barcelona. Su forma de juego irónicamente proviene de Flandes pero es en Catalunya donde se le agregó el toque de éxito necesario para conquistar campeonatos. No hay duda que esta generación del FC Barcelona es la mejor en toda la historia universal. Ha conquistado todos los títulos por equipos y selecciones que el mundo ha podido confeccionar.
España le debe a Catalunya su primer campeonato mundial y la primera le devuelve el favor anulando parte de su estatuto de autonomía. El abrazo entre la Reina Sofía y Xavi pudo quedar en la historia como un momento mágico de solidaridad y de coincidencia. Ahora es reflejo de una nueva puñalada por la espalda para los catalanes. Importante fue la salida a las calles de los catalanes con banderas españolas celebrando el triunfo que sus connacionales conquistaron. Más importante es para la región la histórica y multitudinaria manifestación en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de autonomía celebrada un día antes.
España no entiende que los catalanes son tanto españoles como catalanes; que se sienten diferentes y por eso defienden lo que por naturaleza les corresponde, son una nación y ellos deciden. Al final del día catalanes y vascos juegan y sudan la camiseta igual que sus compañeros españoles. Quien dude de ello sólo tiene que ver el coraje con el que juega Carles Puyol y compañía.
La verdad no puede encontrarse en ninguna línea de pensamiento tan obvia, tan excluyente y tan categorizadora. No es cuestión de que el pensamiento catalán constituya una desviación del nacionalismo español pero tampoco puede ser una continuación. David Miller dedujo que era posible tener una nacionalidad compartida; uno se puede sentir tan catalán como español. El campeonato no creará una nueva España, pero lo que el fútbol había construido la política lo ha destruido.




Ay k recordar k españa apartir de barcelona ’92 fue cuando empezó con ese movimiento en todos sus deportes. Ahora son campeones en tenis, futbol y creo k basketball tambien. Aunk de lo poco k se, el presidente Laporta ha politicado mucho al equipo.
Excelente pagina!