El deporte estadounidense vuelve a tener en sus estrenos de verano el regreso de dos actores que acaparan desde este momento portadas y conversaciones. Los aficionados y ante todo la opinión pública estarán detrás de cada detalle de este intento de resurrección, complicando aún más la ya de por sí difícil empresa. Francis Scott Fitzgerald escribió en su momento que no hay segundos actos en la historia americana. Michael Vick y Lance Amstrong están ante el reto de demostrar lo contrario.
Las actuales historias y causas de retiro son totalmente disímiles entre el ciclista y el jugador. Sin duda, la historia con mayor impacto mediático será la del ex quarterback de los Halcones de Atlanta. Un guión típico de muchos jugadores convertidos en celebridades. Gran atleta con facultades naturales para deslumbrar en los campos de juego llega a la cima con contratos multimillonarios y el cariño de la afición; es fiel al barrio que lo vio crecer y no desestima la compañía de todos sus amigos de infancia que en su momento lo atraen a conductas impropias que culminan con una detención, el desplome de su imagen y el posible final de su carrera.
La historia podría tener un final dramático; el aislamiento y la ruina. Pero el guión también merece un final feliz, un regreso contra todos los pronósticos y la vuelta a la cima. Más allá de la decisión del comisionado de la NFL por admitirlo de nuevo en la liga, el juicio del aficionado es clave para aspirar a cambiar el desenlace.
León Tolstoy escribió que si un hombre aspira a una vida correcta, su primer acto de abstinencia es el de lastimar animales. Michel Vick aparentemente quebrantó esta premisa. Digo aparentemente porque el proceso legal no ha carecido del drama y las particularidades propias del sistema legal norteamericano. En defensa de Michael Vick puedo decir que en el estado de Virginia la culpabilidad recae por el simple hecho de estar “consciente” de las actividades ilícitas en su propiedad, en su caso peleas clandestinas de perros.
Asimismo, Vick no está exento del drama sociológico que implica el ser afroamericano y haber crecido en un barrio marginado de una ciudad como lo es Newport News, Virgina. Parte de la idiosincrasia de estos barrios es la lealtad que se deben los miembros de las bandas en un lugar donde la pobreza y la delincuencia marcan el ritmo de vida de la población. La leyenda de “sólo el más fuerte sobrevive” tatuado en el brazo de una estrella como Allen Iverson hace comprender lo distintivo que significa crecer en lugares así.
El regreso de Vick puede revitalizar una liga que se convulsiona frecuentemente ante casos de homicidio, portación ilegal de armas y uso de estupefacientes. La anuencia de una segunda oportunidad es una prerrogativa de la que el comisionado de la NFL debería hacer uso. La esperanza en los Estados Unidos es más que una idea electoral del actual presidente. Tiempos nuevos aguardan a una liga que tiene como efigie la fuerza y que en el presente debe afianzar la clemencia.




