ESPAÑA
La República.
Un español escribió hace poco, “siempre es complejo escribir sobre México. Por el alto grado de exigencia que hay en torno a la selección, por el componente eminentemente local de su fútbol y porque chocan siempre los resultados históricos con la enorme ambición de una hinchada que se siente con fuerza y nivel de pelear de verdad con los mejores.” Es interesante como la perspectiva desde el otro lado del continente sobre nuestro equipo llega a ser completamente proporcional en cuanto a nuestra definición del fútbol español se refiere.
Evidentemente a nivel de clubes existe una disparidad años luz entre los dos países. El Real Madrid es el mejor equipo del siglo XX según la FIFA y el Barcelona lleva años jugando un fútbol magistral. Ahora bien, España nunca se ha caracterizado por ser un país exportador de jugadores salvo la marea roja en el Liverpool comandada por Rafael Benítez. A nivel selección el tema se vuelve más complicado. Cada mundial de los últimos veinte o treinta años, los españoles se autodenominan favoritos; comienzan campañas publicitarias que anticipan la celebración de su primera victoria en la copa mundial y siempre terminan en fracaso en la antesala de las semifinales.
Malacostumbrados por su herencia imperial, muchos españoles sienten la necesidad de continuar con la “grandeza” perdida muchos siglos atrás. Ese ideal, meramente aspiracional, de liderazgo internacional es el que nubla la visión del español promedio. Cuando uno hojea los medios de comunicación españoles encuentra un sinfín de especulaciones sobre la influencia de los ibéricos en materia económica, diplomática y un largo etcétera que no se limita al espacio europeo sino que incluye al mundo entero. El autoengaño constante de creer que el mundo sigue como si fuera el siglo XVI y que España es potencia mundial.
La otra cara de la moneda para entender a la actual España, incluye un país dividido entre diferentes naciones y un gobierno centralista que sigue pensando en reyes católicos y en los triunfos franquistas del Real Madrid. Naciones con tintes independentistas que se sienten y son diferentes del concepto de Castilla y que ante el desaire de la capital buscan subsistir por diferentes medios y hacer constar ante la ley, que no por reivindicarse como diferentes, necesariamente dejan de ser españoles.
El fanatismo futbolero en la tierra del Jabugo ha combinado descalabro tras descalabro en competiciones internacionales hasta no hace mucho. Un equipo en el que la falta de letra a un soporífero himno desespera por no despertar en sus combatientes el espíritu de lucha necesario. Hoy todo ha cambiado; hace dos años una nueva generación demostró que pueden ganar en penaltis ante el campeón del mundo y que ya no se hacen menos ante el poderío alemán. Este nuevo equipo es el espejo de la sociedad española donde los madrileños junto con los catalanes mantienen la estabilidad en la defensa y donde catalanes y vascos tienen el control del medio campo y de la economía, lo que facilita la vida a los que los rodean.
La selección española desaloja la habitación del reino para hospedarse en el recinto de la república. En 2007 los equipos nacionales de Catalunya y Euskadi ingresaron al campo con una manta en la que se leía la leyenda “una nación, una selección”. En 2010 muchos de aquellos jugadores sueñan con regresar con un título que los honre con ser parte de la construcción de una nueva identidad. El fútbol tiene esa magia, en donde noventa minutos de una final pueden ser suficientes para que un mediocampista catalán le sirva un pase a un delantero vasco y seamos testigos del surgimiento de un nuevo país.
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Su mejor jugador es el sincretismo hablando, de nombre Xavi en lugar de Javier y de apellido Hernández.
En un lugar de la Catalunya, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo, de los de pases al hueco, equipo al hombro y arquitecto de ilusiones. Xavi es la reencarnación de Gaudí, con un sentido innato de la geometría y dotado de una fuerte intuición y capacidad de creación. Juega al fútbol orgánico, inspirado en la propia virtud del juego. El capitán es el símbolo de que esta nueva España no está peleada con la naturaleza misma de su existencia.
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CHILE
El Cóndor pasa.
En 1988 los mexicanos fuimos el hazme reír del continente. Sólo a nuestros grandes directivos de la federación de fútbol se les pudo haber ocurrido que nuestro doctorado en piratería les daba el derecho de poner en práctica la brillante idea de falsificar actas de nacimiento, de al menos cuatro jugadores mexicanos, previo al torneo clasificatorio para el mundial juvenil. Desterrados del mundial juvenil, de las olimpiadas y de la copa del mundo de Italia 90, nuestra selección dejó pasar el mejor momento del mejor jugador que hemos tenido en la historia y regaló una de las mayores vergüenzas para el país.
Cuando creímos que nuestro nombre se suspendería en el tiempo, consecuencia de la desgracia de ser el bufón de América, surgió un héroe extranjero llamado Roberto “el Cóndor” Rojas para enfocar los reflectores hacia la hermana república de Chile. El nuevo Maracanazo es ante todo una de las mayores trampas en la historia del deporte. Se jugaba la eliminatoria sudamericana para Italia 90 y en el partido clave disputado en el Maracaná, el portero de Chile se dejó caer al momento de que una bengala fue lanzada sobre su portería. El plan apenas comenzaba y fue así como fingió una cortada en el rostro en su intento por postergar el partido contra Brasil, que por cierto iban perdiendo, y llevarlo a territorio neutral y con el marcador en ceros. Una actuación digna de un premio Oscar.
Poco después la culpa fue un peso demasiado grande de soportar y el guardameta chileno confesó que todo había sido un espectáculo en el que él era el protagonista pero incluía un mayor reparto, que comprendía desde el entrenador hasta el presidente de la federación chilena. Los chilenos fueron eliminados automáticamente de esa eliminatoria y además su castigo incluyó su exclusión del siguiente mundial a celebrarse en Estados Unidos. Como aportación cultural quedó la incorporación de la palabra condoro para explicar un chilenismo que significa torpeza, grave y vergonzosa, además de la incorporación de Rosemary Melo, la joven que aventó el petardo, a la lista de famosas que se desnudan en la revista del conejito.
Es una constante la actitud chilena de ofrecer al continente lo mejor pero también lo peor. En política, Salvador Allende consiguió anteponer el ideal de la justicia social en la agenda de los gobiernos democráticos de América Latina. Su doctrina y prácticas siguen vigentes en muchos gobernantes contemporáneos. Una persona de admirable ideario que nunca se rindió y que se sacrificó por la patria a la que amo.
Un gran presidente que fue asesinado es muestra de cómo Chile nos tiene también acostumbrados a lo peor. El golpe de estado que terminara con la vida del presidente Allende y que asimismo dio muerte a la democracia chilena. La herencia de ese golpe de estado fueron muchos años de represión y de privación de los derechos humanos. Un gobierno dictatorial, con el General Augusto Pinochet a la cabeza, dejaría a Chile en la penumbra autoritaria hasta finales del siglo XX.
El tiempo sigue su curso y los chilenos se deben sentir orgullosos de ser uno de los países de Latinoamérica que mejor se han adaptado a los nuevos tiempos democráticos. En el país donde nada es regalado y donde el estado de bienestar no existe, sus habitantes han comprendido que el esfuerzo en conjunto es el mejor elemento para cimentar el camino al éxito. Así lo han hecho en estos últimos años, así les corresponde una vez más después del trágico terremoto ocurrido en este año.
Lo mejor de su fútbol lo regalaron cuando mis padres tenían diez años. Nadie me ha podido decir que tan buena fue la selección anfitriona del mundial del 62 pero todo parece indicar que fueron dignos semifinalistas. Lo peor de Chile junto al recuerdo del Cóndor Rojas parecen quedar en el pasado; el nuevo bam bam Zamorano se llama chupete Suazo, el nuevo Matador Salas tiene por nombre Alexis Sánchez. Somos testigos de una de las versiones más originales y más vistosas de la selección roja.
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HONDURAS
La guerra del fútbol.
Nunca se pensó que un partido entre dos selecciones, donde la calificación para un mundial estuviera en disputa, pudiera comenzar una guerra. Intercambiar las aptitudes del delantero por un fusil AK-47 o las ideas tácticas del entrenador por esquemas de combates para tanques en suelo ajeno. Esto sólo sucedió en la ficción de Ryszard Kapuscinski pero fue elemental que coincidieran las fechas entre el partido de desempate entre El Salvador y Honduras y el comienzo del ataque salvadoreño en terreno hondureño. Por cierto, El Salvador ganó el partido de desempate 3-2 en suelo mexicano, y el ejército salvadoreño se quedó a nada de tomar la capital Tegucigalpa; es decir, iban ganando en las dos arenas.
La historia del fútbol en Honduras está ligada constantemente a su historia política. En 1980 Roberto Suazo resultó el ganador de las elecciones que a la postre darían lugar a la constitución de 1982. La elección y la constitución fueron actos democráticos que auguraban un nuevo porvenir para un país sumido constantemente en actos de corrupción e ineptitud por parte de su élite política. La parte obscura de la historia delata que fue un periodo donde las garantías individuales se vieron suplantadas por la fobia norteamericana hacia cualquier tipo de actitud comunista y la depuración de cualquier individuo con tintes de izquierda.
Fue en 1982 también cuando en ese furor por el cambio le dio a Honduras la oportunidad de asistir a su primer mundial. Si en 1969 los Salvadoreños los eliminaron en el campo de juego, para 1978 no sortearon la fase de grupos por sus problemas políticos con el Salvador. Su revancha se daría hasta 1981 cuando el 7 de diciembre de 1980 vencieron dos goles a ceros a los salvadoreños para encarar después el hexagonal final y meterse en su primer mundial. Su actuación fue sumamente decente con un empate frente a la anfitriona, uno frente a irlanda y una derrota por la mínima frente a Yugoslavia.
En 2009 ocurre otro gran evento político y el presidente Manuel Zelaya es detenido por militares a las órdenes del Tribunal Constitucional y conducido al exilio. Cuando en la mesa de negociaciones, entre los estados de la OEA y los involucrados en el golpe de estado, se sentía una gran tensión, el equipo hondureño sacó fuerzas para vencer al acérrimo rival y de paso congratularse con algo de suerte, una derrota de Costa Rica, para llegar por segunda ocasión al magno evento.
El apellido Suazo en los ochenta denotó terror, masacre, violación. En el 2010 el apellido Suazo es sinónimo de fuerza, letalidad y rapidez en espacios libres. Oscar David Suazo Velásquez es el nuevo patriarca de Honduras. Su paso por Europa y el gran fútbol que ha desplegado en los últimos años le dan el honor de ser la persona con más influencia en su país. En sus pies recae la responsabilidad de, una vez más, hacer que el fútbol aleje de la mente de los catrachos, aunque sea por un momento, las desgracias políticas que les tocó vivir.
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Suiza
Chocolates, navajas y algo más.
Suiza no nació para entrar en el orden impuesto por el hombre. Siempre se quedó fuera de los patrones mundiales; hasta hace poco no era miembro de la Organización de las Naciones Unidas y no tiene una regulación bancaria como todos los demás países, convirtiéndose por lo tanto en paraíso fiscal. Sin embargo tiene el control del tiempo con su grandes relojeros y produce el mejor chocolate pese a importar la materia prima.
Nunca toman partido en conflictos bélicos, siempre son neutrales. Tal vez por eso nunca tuvieron un buen equipo, tal vez debieron elegir academias de árbitros sobre las academias de fútbol. Su equipo no es distintivo de su sociedad y el ingreso al mismo es diametralmente opuesto al trámite para conseguir la ciudadanía. Si usted quiere convertirse en ciudadano suizo tendrá que ser descendiente de segunda generación si es que su familia migró al país helvético o hacer el trámite fast track siendo deportista de alto rendimiento. Son estas reglas flexibles las que han permitido a los suizos tener un equipo multicolor y muticultural donde los once que inician son en su mayoría de chile de mole y pozole.



