Grupo G

BRASIL

El Imperio huérfano.

El Rey ha muerto. El emperador ha muerto. Huérfano de padres, Brasil no parece presentar las suficientes credenciales para revalidar sus cinco copas en Sudáfrica. Nos enfrentamos a un escenario completamente distinto al que nos venía acostumbrando la canarinha. No más juego bonito, no más héroes salidos de las favelas. El nuevo príncipe se llama Kaka. Siempre vivió alejado de los círculos de miseria de Sao Paulo, es cristiano y por tanto se abstiene de los grandes festejos a los que acostumbran los brasileños.

El Emperador de Río.- No fue de extrañar que alguien con un nombre tan omnipotente como Adriano tuviera como destino jugar en la legión italiana del Internazionale de Milán. Su destino ya estaba escrito pese a no haber nacido en una familia noble en su natal Río de Janeiro. Demostró su grandeza portando la neazurra o la canarinha. Pero el glamour y la buena vida de Milán no pudieron sobreponerse a la continua nostalgia de las favelas. La confianza y el consuelo en los que desde niño estuvieron con él, siempre lo hecho en falta en un país ajeno.

Momentos difíciles a nivel personal fueron minando la felicidad de Adriano hasta que un día dijo basta. Adriano seguía siendo objeto de ráfagas de nostalgia por las favelas. Encontró consuelo en el alcohol. al que convirtió en su mejor amigo durante mucho tiempo. No hubo catarsis y la depresión fue la única defensa capaz de parar al Ogro. La historia narra que el Emperador Adriano escribió un poema fúnebre mientras se encontraba en su lecho de muerte, allá por el año 138. Casi dos siglos después, Adriano ha reencarnado en un jugador de las favelas al que hoy los brasileños le cantan: Pequeña alma, blanda, errante; huésped y amiga del balón ¿Dónde morarás ahora, pálida, rígida, desnuda, incapaz de jugar como antes…?

O Rey.- Emigrado de Porto Alegre para el mundo. El Rey de Catalunya y del mundo tuvo una vida corta. Un rápido ascenso al estrellato y a la inmortalidad. Ganó todo lo que se puede conquistar en el fútbol. Título tras título Ronaldinho era admirado pero sobre todo querido por todos. El Bernabeu lo ovacionó y el mundo se puso a sus pies el día que conquistó el corazón de Madrid. Ese día fue la culminación de una corta y exitosa carrera. Catalunya lo amaba, era el Rey que tanto habían buscado desde que Cruyff dejó el trono.

Un año después, aquellos que lo amaban, que lo veneraban, fueron los mismos que lo señalaron, que lo sentenciaron y crucificaron. El éxito es el único alimento para la afición. Cuando Ronaldinho dejó de lado los entrenamientos por el gimnasio y su esfuerzo en la cancha lo trasladó a los bares fue el momento del adiós. Ronaldinho se sintió traicionado, les había dado todo y sentía que era una injusticia que el aficionado no tuviera memoria. Roni no entendió que las leyes del fútbol son las que dictan los espectadores y estos son como los niños, egoístas de corazón. El jugador se sintió ofendido y no existió bálsamo curativo. El elogio total, sin restricciones, fue demasiado excesivo; la causa de muerte del Rey.

La historia sigue para un Brasil carente de sus dos más grandes referencias. El Príncipe burgués no acepta en su corte a los desdichados provenientes de las favelas. Dunga apuesta por lo aburrido, por el roce y el físico, por la efectividad sobre el espectáculo. Puede que no guste pero igual ha resultado efectivo en ocasiones probadas. Que nadie los de por muertos porque el fútbol es como lo dicta un dicho argentino: Dios es para todos aunque sólo despacha en Brasil.

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COSTA DE MARFIL

Los Elefantes atacan.

Nunca antes un equipo había acaparado tanta atención en su primer mundial. Costa de Marfil fue para la FIFA lo que Dolores para el profesor Humbert. La Lolita de la FIFA era la esperanza de África para el mundial de Alemania. Su equipo, conformado por estrellas del fútbol europeo, auguraban una excelente participación de cara al siguiente torneo con sede en Sudáfrica. Había que justificar la decisión que le otorgó a los bafana ser anfitriones; el mundo conocía de antemano que Blatter había negociado otorgar al continente negro su primer mundial a cambio de los votos necesarios para que él fuera presidente. Un poco de maquillaje sobre el campo alemán era necesario para escribir con mejores versos la historia de los mundiales.

La cenicienta del torneo comenzó su peregrinar hace mucho. Hasta 1986 tenía poca participación en las eliminatorias debido a su inestabilidad política, su enemigo a vencer hasta la fecha. Los años pasaron y siempre había un pequeño paso que los alejaba cada cuatro años de estar entre los mejores. En 2005 la historia parecía seguir el mismo rumbo de siempre. Su destino estaba en sus manos cuando una derrota frente a Camerún dejó prácticamente eliminados a los marfileños. Una derrota en la capital Abidjan, frente a su gente, era demasiado por digerir.

Se esperaba lo peor, una vez más las esperanzas dormían en el basurero. Todo estaba perdido hasta que Samuel Etó se negó a cobrar el penalty que a la postre apartó a Camerún y le abrió las puertas a Costa de Marfil para su primer mundial. En la cancha todo estaba decidido. El trámite estaba hecho pero el país estaba sumergido en una cruenta guerra civil. Cinco años de continuas luchas y masacres. Faltaba poco para el estreno, las maletas estaban hechas cuando el presidente Laurent Gbagbo anunció que no permitiría que el equipo llegara a Alemania a menos que la violencia cesara.

Su argumento fue muy sencillo, no valía la pena enviar un representativo nacional si el pueblo no estaba unido. En un intento desesperado por despertar un sentimiento de unión nacional, Didier Drogba, capitán y emblema de la selección, pidió a los combatientes bajar las armas y hacer un cese al fuego. En un hecho increíble, las armas dejaron de dispararse, el tema en los medios dejaron de ser asesinatos, emboscadas y explosiones. El fútbol nuevamente lograba el milagro de la cohesión social.

La suerte no les favoreció en el sorteo a los elefantes y Argentina se encargo de quitarle su virginidad a Costa de Márfil. Dos goles en el primer tiempo fueron la bienvenida al fútbol de máxima categoría. Tres partidos bastaron para celebrar su primer mundial. No hubo sorpresas ni hazañas gloriosas.

A la fecha Drogba sigue siendo el embajador del fútbol marfileño y un embajador de paz. Cuando su madre lo llamaba Tito de cariño, en completa alusión al padre de Yugoslavia, nunca se imaginó que su hijo tendría el mismo poder de convencimiento para unir sociedades diferentes bajo una misma bandera.

Cuando niño, Didier Drogba nunca tuvo un hogar fijo. La situación política y la economía familiar lo hicieron cambiar continuamente de residencia entre Costa de Marfil y Francia. Como cualquier padre en un país desesperado por paz, el capitán marfileño pone de su parte tomando la estafeta política para continuamente alentar a ambas partes a procurar la conclusión de las hostilidades.

Costa de Marfil ya no es aquella jovencita sin experiencia que se deja seducir por el glamour de una copa del mundo. Nuevamente le tocó el premio mayor de enfrentar a dos grandes potencias pero alguna experiencia habrán logrado rescatar del pasado. Los elefantes caminan sobre el continente que conocen en espera de dar la sorpresa en casa.

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PORTUGAL

Colonizador colonizado y mercantilizado.

Pocas veces se ve en el mundo que un país, otrora colonizador, en los tiempos modernos sea conquistado culturalmente por sus antiguos súbditos. Es un hecho que el fútbol de Portugal no existiría si Brasil no hubiera formado parte de su Reino. Antes de que los caribeños fueran pieza medular con los holandeses y de que los marroquíes y argelinos fueran los mejores en el equipo francés, los portugueses experimentaron el fenómeno del sincretismo tanto en su fútbol como en su sociedad.

Los portugueses son muy cautos para todo. Son los latinos que mejor esconden la sangre caliente que recorres sus venas. Uno puede pasear por el metro de Lisboa y escuchar un pequeño zumbido, son los portugueses hablando. Su fútbol es igual, toque suave con llegada por los costados, tan sutil como un buen fado. Las generaciones de oro de sus futbolistas son como los buenos Oportos del Duero. Se necesita mucho tiempo para su maduración; tardan un poco en mostrar su mejor sabor una vez que se estrenan y tienen un tiempo corto de vida.

Ha habido dos grandes cosechas de jugadores. La primera vez ocurrió en los años sesenta. El emblema del equipo nacional, el mejor jugador de toda la historia portuguesa, fue un joven nacido en Mozambique. La Pantera Negra, como le decían, era un depredador del área. Llegó a Portugal pensando que su destino siempre estaría ligado a la pobreza. Sólo aquél al que el destino le tenía deparado correr para salvar su vida o escapar de la policía podía driblar y correr con la pelota en los pies con tanta facilidad. Eusebio logró comandar al Benfica a dos Copas Europeas pero sólo le alcanzó para las semifinales en una copa del mundo.

La segunda generación dorada siempre quedó a deber. Calificaron a dos mundiales, en uno fueron una sombra y en el segundo, ya en el ocaso de la generación, lograron acceder hasta las semifinales. Siempre quedará en la duda que hubiera pasado si el talento hubiera alcanzado lo que se estimaba de él. Sin embargo algo cambió con el paso del tiempo. Sus jugadores no entendieron el significado de la lealtad al equipo y a la selección. Si Eusebio se caracterizó por serle fiel al Benfica durante toda su carrera, el líder de este nuevo grupo, Luis Figo, fue el mayor traidor del FC Barcelona cuando prefirió cambiar de domicilio a la odiada ciudad de Madrid.

Pasa el tiempo y parece que los mejores ya no juegan para el equipo. Estamos ante el nuevo mundo donde los equipos cobijan a los astros, juegan para ellos y viven por ellos. La Portugal de este mundial llega con una única tarjeta de presentación, CR9 para los amantes de la mercadotecnia, Cristiano Ronaldo para los demás. Estamos ante el modelo de las superestrellas, los que acaparan las portadas no tanto por su juego sino por su imagen.

En la versión actualizada y mejorada del gran hermano, a Cristiano Ronaldo se le retrata anotando goles, en espera de un tiro libre, celebrando con sus compañeros, asoleándose en la playa, comprando un nuevo arete o estrellando su auto último modelo. La gomina superando en el campo lo que el maquillaje en el escenario. Nunca en la historia ha habido un jugador que fuera más importante que el equipo mismo, hasta hoy.

El mejor jugador de la historia nació en Mozambique; el mejor entrenador de la selección portuguesa nació en Brasil pero en ambos casos existía una comunión con la esencia del portugués. La nueva Portugal ya no tiene el espíritu de equipo de su lado, ha sido suplantado por hombres de mentalidad mercenaria sin ningún interés por el bienestar común. Somos testigos de una nueva generación que encabeza el proceso de decadencia del fútbol portugués; una época triste y desalmada que deja a los lusos a merced del mercado.

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COREA DEL NORTE

Los norteños.

Corea del Norte o como lo indica su nombre oficial República Democrática de Corea del Norte. Parte superior de un país que los caprichosos intereses de soviéticos y americanos dividieron en dos. Por república democrática los norteños no se refieren al concepto universal y liberal del término. Su ideal democrático consiste en gobiernos vitalicios y dictatoriales. Primero fue Kim II Sung tras la II Guerra mundial y en la actualidad su heredero Kim Jong II. Son unos totales desconocidos para el mundo. La propaganda mediática que les sigue desde hace tiempo sólo incluye ataques a los derechos humanos, su programa nuclear y las condenas de occidente relacionadas al tema o el apoyo de China y Rusia.

Créalo o no, los norcoreanos tienen una tradición futbolística envidiable. Primero, porque desde antes de la invasión británica a la península, los nativos ya jugaban algo sumamente parecido al fútbol inglés al que denominaban chuk-gu. Segundo, porque Corea cuenta con una historia de éxito en los mundiales. Sólo ha asistido a uno pero su record es portentoso. En una de esas hazañas vivas del deporte más hermoso del mundo, los coreanos lograron eliminar a Italia y a Chile en la ronda de grupos en Inglaterra 66. Tal fue el eco de esa proeza que cuarenta años después se filmó la película “El juego de sus vidas” con los sobrevivientes de aquel encuentro frente a Italia que daría la vuelta al mundo.

La gesta coreana se quedó a nada de convertirse en otro cuento de cenicienta cuando estuvieron a punto de colarse a semifinales. Tres goles anotados frente a Portugal parecían encaminarlos a su primera semifinal hasta que la bestia Eusebio despertó y con tres goles de su autoría y dos más de sus compañeros lograron darle la vuelta y dejar el sueño para otra ocasión. Queda en los anales de las copas mundiales que Corea del Norte fue el primer país asiático capaz de llegar a una segunda ronda.

¿Qué se puede esperar de este equipo en esta nueva copa del mundo? Para empezar que sus jugadores nunca perderán el orden en el campo; que siempre jugarán como se los marca el entrenador en la pizarra y obedecerán cada una de las indicaciones tácticas so pena de pasar el resto de sus vidas en un campo de concentración. Es de esperarse, en un país tan pequeño donde las fuerzas armadas cuentan con más de un millón de efectivos, no hay duda de que las ordenes se respetan y se cumplen.

Sólo por hacer un comparativo; en nuestro país el ejército cuenta con 259,000 efectivos. Por cada mil habitantes, Corea del Norte tiene 46 militares. En México por cada mil habitantes, se tienen 2.5 militares. Allí los programas sociales son cosas del pasado; las desgracias alimentarias no importan cuando la seguridad nacional es la prioridad y en ella recae el 25% de su producto interno bruto. Además, cuenta con más campos de prisión y de concentración que hoteles, con una población estimada en 200,000 internos.

Los norcoreanos van a Sudáfrica a competir y sólo a competir, como lo vienen haciendo en cualquier especialidad deportiva en los últimos años. Es probable que no intercambien una sola palabra con algún autóctono o con sus compañeros futbolistas, se les tiene prohibido. Inclusive es seguro que no conozcan las maravillas de Sudáfrica y que su estadía se abrevie a los trayectos aeropuerto – hotel – estadio. Muchas veces la ignorancia acarrea grandes prejuicios, hoy vemos a los norcoreanos como prisioneros de un dictador de culto desmedido. Tal vez ellos no lo ven así y su actitud sea parte, utilizando sus palabras, de su noble intención por agrandar el honor de la madre patria.

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