HOLANDA
La naranja averiada
A la Holanda de Cruyff la llamaban la desorganización organizada. No se equivocaron, aunque el espectro de aplicación abarca también al país entero. Sólo así se puede entender como la prostitución está organizada en zonas rojas y el consumo de mariguana en cafés; que Johan Cruyff pudiera estar omnipresente en todo el campo de juego sin una posición fija, solo se podía presentar en una sociedad que permite nuevas maneras de convivencia social como los matrimonios del mismo sexo o la eutanasia.
Los holandeses son fervientes admiradores de las causas nobles. Cuando le enseñaron al mundo que el fútbol podía ser diferente a base de toques, cambios de ritmo y un estilo de juego abierto; no lo hicieron con la intención de ganar una copa. Lo hacían sin echar de menos el resultado final pero con la satisfacción de haber creado algo permanente. Su gozo recaía en el efecto que surtía su creación en otras personas y en otros equipos de todo el orbe.
Fueron los primeros en aceptar que su sociedad y su equipo debía incluir a antillanos con diferente color de piel como Kluivert, Seedorf, Gullit, Davis, etc. RuudGullit siempre abogó por la erradicación del apartheid y dedicó su balón de oro a un Madela recién salido de la carcel. Cuando los jugadores holandeses pasaron a recoger sus medallas como subcampeones en Argentina 78, ningun jugador saludó a los jefes de la dictadura. Es más, su capitán e ídolo Johan Cruyff no asistió a tan importante evento en señal de protesta por la represión que ocurría en la Patagonia.
En la cancha todo lo hacen al revés. Primero atacan y luego defienden. Sus entrenadores primero son jefes de selecciones y luego se lanzan al mercado internacional. Sus delanteros suelen festejar antes de marcar e inclusive antes de jugar. En el mundial de 1974 más allá del juego que practicaba los tulipanes, lo más revolucionario fue la inclusión de novias y esposas a la concentración del equipo. Además, tienen cierta predilección por hacer todo en parejas. Ya fuera con su hermano Theo o con Gaugin, Vincent Van Gogh siempre se sintió en mejor forma cuando tenía a uno de los dos a su lado. Su legado es tan grande como el de los gemelos Rene y Willy Van der Kerkhof al medio campo de la Naranja Mecánica o al de los gemelos De Boer a la defensa de la selección de 1998.
A partir de los setenta los esquemas ofensivos de Holanda se despliega de la misma forma hata nuestro días. Los holandeses y su sociedad juegan y se desenvuelve como si metieran mensajes en una botella tras otra y las arrojaran al mar sin la más remota idea de a dónde las llevará la corriente ni de cómo serán interpretados. La desorganización organizada de la sociedad holandesa ya ha cobrado varias víctimas debido a que el mismo sistema multicultural ha permitido la entrada de culturas que no aceptan los patrones sociales establecidos por el Estado. El fútbol holandés se encuentra sumido en una tradición que no permite equipos con mal juego.Tal vez todas sus ideas, tanto futbolísticas como sociales, estén adelantadas a los tiempos.
Algunos se desesperan en el afán de intentar conseguir un título aunque se sacrifique el juego bonito. Lo que no entienden es que cuando la gente acompañó a Johan Cruyff desde el estadio a su casa en su último partido, un dogma de fe fue impuesto a los futuros futbolistas. Así como Van Gogh no vendió ningún cuadro en vida de su creación, es posible que Cruyff no viva para ver alzar ningún título a nivel de selección.
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DINAMARCA
Los vikingos liberales.
Los vikingos ya no dan tanto miedo como antes, tal vez desde que han sido demeritados en los libros de texto cuando de historia europea se habla. Los celtas los han desbancado como los más bárbaros y paganos, y en el mundo se reconoce a Cristobal Colón por encima de Leif Eriksson como descubridor de América. Los escandinavos estuvieron a punto de cambiar la historia mundial de no haber sido por el cansancio, que les impidió en su momento conquistar Roma y que les nubló la vista confundiendo al Papa con un obispo del norte de Italia.
Hoy los nuevos vikingos no están interesados en conquistas y expansionismo. Los tres estados que conforman Escandinavia cuentan con el mayor índice de desarrollo humano y con un estado de bienestar envidiado por cualquier otro país. Dianamarca es el país con menos corrupción en el mundo y el símbolo de amor y paz es la biblia de sus diplomáticos. Estamos ante la presencia del liberalismo en su máxima expresión. Del multilateralismo y el capital social.
Su única conquista en la actualidad se dio sobre los terrenos de juego y en territorio hermano. En 1992 la gracia de Odín hizo que Dinamarca disputara la Eurocopa celebrada en Suecia en virtud de que Yugoslavia se encontraba sumida en las luchas independentistas. Los daneses, que ya se encontraban de vacaciones, llegaron a Suecia con la intención de continuar su ritual veraniego. No hubo preparación alguna, salvo la que las cervezas y la relajación pudieron ofrecer.
Su jugador estrella no jugó pero los daneses se encomendaron a la fuerza de Thor para conquistar por primera y única vez un torneo grande. De paso, le demostraron a Gary Lineker que Alemania podía ser derrotada en una final. Dinamarca se convirtió en el lucky loser más famosos de la historia, demostrando que alguna vez el sacrificio y la disciplina sucumbieron a la tentación de verse superadas por la vagancia y el hedonismo.
La excepcionalidad de los jugadores daneses condiciona en ocasiones su participación en equipos europeos. Si a Peter Scmichel se le recuerdan sus desplantes frente a un entrenador de la categoría de Sir Alex Ferguson, los Laudrup quedan en la memoria por siempre dejar un diez por ciento de su capacidad en los vestuarios. El mayor y más talentoso, Michel Laudurp. Su sentido de justicia lo hizo ausentarse de la Eurocopa por considerar que las cuestiones políticas habían eliminado injustamente a Yugoslavia. Ese misma virtud lo llevó a cambiar a los baulgrana por los madrileños, pues consideraba injusto que su esfuerzo lo llevara a la banca por encima de otros jugadores recién ingresados.
Michael ofreció al mundo un fútbol diferente. Inventó los pases sin ver así como Valdemar Poulsen inventó el telégrafo. Su insigne carrera lo llevó a tener sobre sus hombros la responsabilidad en el ataque del mítico Dream Team de Johan Cruyff. Armaba jugadas y desarmaba defensas con la misma facilidad con la que un niño danés se entretiene jugando con sus Lego.
En este mundial la nueva estrella se llama Nicklas Bentdner. Con veintidós años y un buen año en el Arsenal de Inglaterra, el Big Ben comanda una nueva legión vikinga a puerto sudafricano. Cuando Dinamarca ganó la Eurocopa Bendtner tenía tan sólo cuatro años. Esta nueva generación no carga el peso de recuperar ese estilo y esos triunfos porque simplemente no lo vivió para recordarlo. Los drakkars en las tribunas esperan a la nueva legión danesa para remar hacia la conquista del mundo en siete partidos.
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JAPON
Samurais en pelotas.
Cuenta la leyenda que una ocasión el gran John Lennon se quiso ausentar de la fama, del te y del grisáceo clima de Inglaterra. Su destino no podía ser otro que la tierra natal de su amada Yoko Ono. Para pasar desapercibido mantuvo en absoluto secreto su inesperado viaje y al poco de haber arribado a suelo japonés, Lennon nota un sin fin de personas y piensa que la información se ha filtrado. Lennon le instruye a su representante que vaya a ver que sucede; el manager regresa aclarándole a John Lennon que no tiene de que preocuparse, la recepción no es para él. En el avión también vuela el Rey Pelé.
Pelé fue el embajador más emblemático del fútbol en el país donde el deporte nacional es el sumo, seguido por el béisbol y las artes marciales. El sumo es una actividad donde dos guerreros, con globos terráqueos como cintura, luchan por ver quien es sacado del dohyo, quién hace caer al otro o quien quita primero el moño que portan como vestimenta. Para Pelé y sus sucesores fue difícil entrar en una cultura ajena al balón y las porterías. Es de entender que el fútbol no sea un deporte que genere pasiones; los datos oficiales señalan que su liga profesional se inauguró hasta 1992, justo cuando los norteamericanos planearon que el fútbol debía dejar de ser un deporte y comenzar a ser un espectáculo.
El sumo explica la inadaptabilidad nipona para relacionarse con otras personas. El deporte nacional es una lucha independiente y soberana donde la individualidad decreta ser un ganador o un perdedor. No existe compañerismo o camaradería. Desde niños los japoneses luchan solos contra el mundo defendiendo ante todo el honor familiar. Sólo una cultura con tanta falta de capital social puede crear mascotas virtuales como los Tamagochi o tener tan alta taza de suicidios.
El fútbol puede ser en este contexto el detonante de una mayor conexión social. Eso es lo que ofrecen las gradas; el contacto físico y la experiencia del rebaño como forma de emancipación de los códigos individualistas que acarrea la cultura nipona. La multitud con un mismo significado, con un mismo fin. Allí donde un simple apretón de manos puede considerarse un gesto fuera de lugar, el fútbol es la salvación para crear redes sociales.
Los británicos nunca perdonarán la quinta columna que representó Yoko Ono; una bomba atómica para el rock mundial. Siempre estarán peleados, hasta el final del mundo. Los japoneses son una nación isleña como los ingleses.; pero mientras los japoneses prefieren el sushi que incluye pescado crudo, los británicos gozan del pescado frito. Los ingleses son innovadores por naturaleza, los japoneses siempre han necesitado de la ciencia extranjera para desarrollar su tecnología. Inglaterra tiene una reina, Japón un emperador. Los ingleses inventaron el fútbol, los japoneses tratan de aprenderlo.
Sin embargo, los japoneses son tan trabajadores y eficientes como los británicos. Aprenden de sus errores y perseveran; son corteses y creen en la disciplina y la obediencia a la autoridad. Este mundial no aspiran a mucho. Su fútbol sigue siendo a base de toques pero no han logrado compensar su falta de envergadura y sus desatinos a la hora de defender. Su jugador estrella Nakamura demostró en el Español de Barcelona lo que ya se ha señalado; como lo dijo su entrenador Pochettino “existió un problema de comunicación, de adaptación”. Los japoneses podrán programar excelentes jugadas en consolas de video pero el camino es largo si piensan jugar al verdadero balompié por el resto de sus días.
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CAMERÚN
Leones enjaulados.
En 1990 Latinoamérica se preparaba para su primera conquista en Europa cuando el destino tenía preparado el surgimiento de África. Argentinos, colombianos y brasileños conjuntaron sendos equipos con grandes estrellas para la cita en suelo italiano. En el primer encuentro del mundial, el mundo aceptó de nueva cuenta que los blancos no saben saltar cuando Francois Oman Biyik se elevó por los cielos para conseguir el primer y único gol del partido y de paso abollarle la corona a Maradona y sus muchachos.
Argentina no entiende que hizo mal el Che Guevara en el Congo para ser desprovisto de fortuna frente a equipos africanos. Primero Camerún lo hizo ver mal en su estreno como campeón y en el siguiente mundial, el partido frente a Nigeria sería el último que su gran líder, su dios, jugaría en la historia saliendo por la puerta de atrás por la maldita efedrina. La maldición continuaría, y en 1996 un desconocido y joven equipo Nigeriano le arrebató la medalla de oro en los juegos olímpicos de Atlanta.
El mundial de 1990 fue ante todo un certamen aburrido como el número de goles lo indica. Camerún fue la gran sorpresa que en pocos días se ganó el cariño del público. El abuelo Roger Milla destacó por encima de todos. El mejor jugador del siglo XX del continente negro arribó a tierra romana para mostrar alegría en el juego en un mundial sombrío. Su participación estaba en duda hasta que se convirtió en un asunto de estado y el Presidente le hizo saber que su participación era un llamado de la patria.
Fue él quien enseño a los colombianos que la bachata no se practica en el centro del campo. Roger Milla ocupó el puesto de honor en la orquesta de tambores de los leones indomables que se quedó a nada de llegar a las semifinales. Dio tantos pases para gol como Maradona, en un mundial que los tenía prohibidos. Su danza de makossa frente al banderín es merecedora de una descripción en los diccionarios.
El paso del tiempo atrajo a una nueva estrella con la promesa de levantar de nuevo a los leones. Su nombre, Samuel Etó, su profesión, killer. El jugador más prolífico que Camerún haya dado después de Milla. A nivel de clubes no hay algo que se le pueda reprochar a Etó. Siempre ha dado la cara en los partidos más importantes, siempre es un ejemplo en los entrenamientos por su constancia y tenacidad.
Si embargo, en la selección es un jugador diferente que en 2005 privó a su país de una copa del mundo. Etó había hecho antes un mundial bueno, había fichado por el mejor club del mundo, ganaba mucho dinero, era considerado el mejor en su posición; todo lo cual parecía ser bastante para encaminar una eliminatoria. Sin embargo, cuando su país más lo necesitaba tuvo temor de tirar un penalty frente a Egipto en los últimos minutos del encuentro que a la postre dejaría fuera a Camerún de Alemania.
Etó es en su selección como los perros que ladran y no muerden. Se comportan como si no tuvieran miedo y atemorizan con sus ladridos a los paseantes pero se contraen en un rincón en cuanto uno se les enfrenta. Lo mismo ocurre con Etó en el trayecto de su equipo a la selección. Que Etó posea algo de lo que los demás carecen, o los demás tengan algo que a él le falta, eso no está nada claro.
Camerún presenta en este mundial un equipo renovado aunque apostar por ellos es como tirar una moneda al aire. No sabes si están urdiendo un plan maestro para por fin ser protagonistas o fingiendo que ya son competitivos para quedar eliminados en tres partidos. Qué más da. Que comience la fiesta, la makossa está de vuelta.




