ARGENTINA
El padre de Messi.
¿Maradona o Messi? Siempre en Argentina es vuelta a lo mismo, o Maradona o lo otro. Esa categoría dual en el juego de un país que parece simple pero que obsesiona perennemente la mentalidad de los argentinos. Argentina no ha aprendido a jugar sin Maradona y es por eso que regresa. Sus piernas ya no pueden vestir más pantaloncillos cortos y calzar zapatos de juego pero sí le permiten estar en el mismo campo de juego que la albiceleste.
¿Maradona el jugador o Maradona el entrenador? El mito de Maradona desmorona a su paso cualquier construcción, con cualquier entrenador, con cualquier jugador. Maradona el jugador sigue presente, está convertido en dios. Sigue siendo el rebelde que asiste a cualquier estadio y desencadena el grito de miles que le rinden pleitesía. No advierte códigos de respeto o reglamentos. No se inmuta ante la prensa y lo mismo le da elogiar a sus jugadores que agredir verbalmente a los que no creen en él y su equipo.
Maradona el entrenador no existe todavía. La fama de su forma antecesora le impide desarrollar el trabajo que se le encomendó. No existe posibilidad alguna de que su sola presencia haga jugar espectacularmente a sus elementos. El jugador, el hombre, no ha llegado a ser domesticado. El Diego gobierna a su selección como si condujera borracho, difícil de dar el manejo adecuado al equipo pero fácil de dirigirlo temerariamente sin rumbo fijo.
Su gran salvación representa el pequeño Messi que tanto se parece a él. Pero aquél que es feliz en Catalunya no lo es en Argentina. Lio no es feliz en un sistema de juego que lo tiene aprisionado; no es feliz cuando millones de personas en su país lo observan bajo lupa y lo critican constantemente por su baja de juego. Es infeliz cuando le recriminan el no ponerse el equipo en la espalda o que su genialidad la reserva para Barcelona, que prefiere a Catalunya más que a la Argentina que lo vio nacer.
Es más fácil que Argentina le atribuya su mal juego a un jugador que no se ubica en el esquema táctico que al entrenador inexperto convertido en dios que no lo sabe ubicar. Maradona no puede fallar, sería antiestético y antiético para cualquier argentino. Es más fácil culpar al que se cree puede llegar a ser mejor que él. Nadie se explica cómo es que tantos millones no se den cuenta de lo que sucede. No se sabe, aunque la única razón que se me ocurre es que los argentinos lo adorarán siempre por esa estupidez eterna del ser humano de perseguir lo que nos hace daño.
Queda tiempo. Diego tiene que aprender que Messi es un inventor de sorpresas y genialidades como él lo fue en su tiempo. Tiene que entender que necesita la libertad para lograrlo y qué sólo él se la puede otorgar. Diego tiene que ser su amigo y no buscar condolerse del fracaso de Messi, sino asombrarnos y tener esa naturaleza excepcional de pocas personas que le permita alegrarse de su éxito.
Diego tiene que ser su padre. Un hombre que sea capaz de escuchar, guiar y respetar el juego del mejor jugador del mundo en estos momentos para no ahogar en él sus propios defectos. Una tribu exige ser gobernada de algún modo. Una tribu futbolera necesita su patriarca, su padre despótico, su jefe, como también necesita de su comandante, su libertador. Le hace falta su Perón, su San Martín al tiempo que le hace falta su Che Guevara. Queda claro que un Messi liberado y feliz podría ser aquel que lleve a la albiceleste a conquistar un campeonato más. Queda claro que el tiempo de Maradona ha pasado y debe ceder su lugar al joven Lio, el pequeño que podría llegar a ser más grande que él.
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NIGERIA
Las Águilas Verdes.
Juegos Olímpicos en Atlanta, un equipo joven aunque con talento sale de México esperando conquistar la medalla de oro bajo el liderazgo de los veteranos Jorge Campos, García Aspe y Claudio Suárez. Mientras tanto, en Santiago de Querétaro un padre y su hijo salen de vacaciones para festejar el cumpleaños de este último recorriendo por carretera todo el bajío y norte del país con la esperanza de llegar a tiempo a los cuartos de final. Para el seleccionado el viaje a cuartos fue sencillo, par de empates y un triunfo en el que se incluye el bautizo del “Gatillero Palencia”. Para los turistas el viaje comprende visita exprés a Matehuala y un recorrido ininterrumpido de 28 horas hasta Birmingham, Alabama incluida la lección de vida de nunca subestimar las distancias que se perciben en los mapas y de medir el kilometraje previa salida.
Los cuartos de final resultan ser un martirio para los dirigidos por de los Cobos. En frente está un equipo nigeriano con mucha idea ofensiva y gran movilidad que desarma a los nacionales. Cuauhtemoc Blanco es un muchacho imberbe que juega en banda con gran afinidad por visitar constantemente el césped y Dulio Davino se confunde de deporte con el voleibol. Nigeria gana y se cita con la Brasil del “Fenómeno” Ronaldo. Hasta ese día todo mundo daba por sentado que los africanos tenían argumentos para disputar buenos partidos, se sabía de su capacidad de sorpresa pero se negaba su posibilidad de ganar torneos mundiales.
Cuarenta y cinco minutos bastaron para que el mundo cambiara de opinión y mirara el surgimiento de las Águilas Verdes. Un equipo donde los nombres como Amunike, Amokachi u Okocha que inspiraban más gracia que respeto, venció al Scratch du Oro cuando nadie se lo esperaba, incluidos los turistas y nigerianos que lo vimos en las gradas. La samba callaba y cedía el show al apala y al yo-pop. Días más tarde, Nigeria conquistó la medalla de oro venciendo a la poderosa Argentina y prometía estar en boca de todos para el siguiente mundial.
El buen fútbol nigeriano de ese entonces fue producto de generación espontánea. Diferentes dictaduras se habían apoderado del poder político y económico por lo que los jóvenes próceres fueron producto de los 401 dioses Orishas y de circunstancias del destino que los llevó a militar en equipos europeos. Sus participaciones en mundiales se hicieron constantes a partir de 1994 hasta que su generación dorada sucumbió ante la inevitable senectud.
El equipo nacional tiene entre sus palmarés una medalla olímpica de oro, dos Copas Africanas de Naciones pero ante todo tienen el mérito de poder unir en un mismo sentimiento y objetivo a las diferentes naciones que conforman su país. La política divide naciones y reparte el territorio entre los hausa, los fulani, los yoruba y los igbo. La religión divide a los nigerianos entre cristianos y musulmanes. La desigualdad ha creado una enorme brecha entre ricos y pobres. Sólo las águilas verdes son capaces de mantener por días la armonía social y de otorgar una identidad común al país entero.
Un cambio generacional se produjo ante el fracaso de asistir al mundial de Alemania pero después de ocho años las águilas están de vuelta. Tal vez no tengan el poderío ofensivo de antaño, tal vez las figuras que lograron lo impensable no estén más pero desde Atlanta 1996 lograron callar a aquellos xenófobos argentinos que aducían que todos eran albañiles y ninguno utilizaba la cabeza para pensar.
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GRECIA
Los héroes del Olimpo.
Grecia se jacta de ser la inventora de muchas cosas. Los griegos, en general, suelen recordar la historia de la misma manera evanescente con que rememoran su propia infancia. Si algún lector ha convivido con algún griego no desmentirá lo que digo. Los griegos poseen todas las características mediterráneas pero multiplicadas al máximo. Gritan más que los italianos, son más altivos que los franceses, utilizan mayores cantidades de aceite de olivo que los españoles aunque disfrutan del fútbol tanto como todos los anteriores.
El desarrollo de su fútbol es similar al de su economía. Crece de a poco y con demasiados altibajos. Poco o nulo conocimiento se tiene en nuestro país de su fútbol salvo por el equipo que vio crecer a Nery Castillo, el Olimpiacos. Más allá de eso se puede decir que su juego actual como selección es una invención alemana aunque arcaica de Otto Renhhagel, que combina la disciplina táctica con la labor defensiva. Nada que ver con la naturaleza alegre y divertida de los helénicos.
Sin embargo los resultados han afianzado la filosofía del alemán. Una Eurocopa ganada cuando se situaban en el fondo de las apuestas es el mejor argumento que tienen los griegos para afrontar la próxima copa del mundo. Una hazaña igual o más grande que la conquista de Troya. Sus posibilidades de hacer algo están en su juego destructivo y en su paciencia, que se ha convertido en su mayor habilidad, para marcar un gol en una sola jugada.
Seis años después los griegos siguen creyendo que nada es imposible. Han sacado del closet las playeras empolvadas con el número siete de Zagorakis, aquél último héroe mitológico que los guió a la conquista de Europa. El mismo al que los griegos confieren el título de súper hombre y del que todos los varones que ven los partidos desde su sillón se sienten orgullosos por su alta producción de testosterona. El hombre que toda mujer griega desearía, según se dice.
Los griegos no cuentan más con su talismán de testosterona pero harán lo posible por devolver la gloria al Olimpo. En otras palabras querrán contar una tragicomedia griega con final feliz; un grupo de marginados del fútbol dirigidos por un empresario alemán quien tiene por filosofía practicar la igualdad de oportunidades siempre y cuando se juegue en un cuarto de terreno. Europa se enamoró de la historia más no del contenido, veremos si a Sudáfrica le pasa lo mismo.
El equipo griego llevaba siglos intentando descubrir nuevos modos de jugar. Todos fracasaron porque no entendían el funcionamiento del juego mismo. Lo que ocurrió con la llegada de Otto es el exponente de que los griegos tienen que ser orientados por un gran líder y en la escasez de talento nacional, el alemán ha conseguido erigirse como el nuevo Pericles.
Sin embargo el guión ya se lo saben muchos. Renhhagel deberá desistir en seguir siendo consecuente con sus ideas y hacer que sus ideas sean consecuentes con la nueva realidad seis años después de Portugal. Grecia queda a merced de las indicaciones de su técnico y apoyado por miles de fanáticos que se han creído que el sueño puede ser posible una vez más. Grecia nos recuerda que nada es imposible.
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COREA DEL SUR
Corea la corrupta.
Eah eah eah… que chin… a su madre Corea!!!!! Eah eah eah… que chin… a su madre Corea!!!!! Ese fue el grito de guerra de los mexicanos una tarde nublada de Lyon en el año 98. Primer partido de una Copa del mundo y un primer tiempo en el que los nuestros se fueron abajo en el marcador presagiando lo peor. Si algo se conocía del rival de enfrente era que llevaba dos décadas de participaciones constantes y que sería el siguiente anfitrión, de lo demás todo era una incógnita con un signo de interrogación del tamaño del campo de juego.
Corea del Sur es un país ajeno para el mexicano tal vez con excepción del tae kwon do. Somos muchos los que a la fecha recordamos los hana (1) dul (2) set (3) net (4)… y los que en esos momentos queríamos utilizar nuestros antiguos conocimientos contra sus inventores. Al final se ganó pero sigo teniendo dudas sobre quienes eran aquellos individuos de rojo.
Su apoyo no se traducía en cánticos, chiflidos o lo que se pareciese. En el umbral de lo desconocido en mi universo se sitúa el constante girar de alguna especie de abanico con la que imagino intentaban dar buena suerte a los suyos o, espero equivocarme, dañar a los nuestros.
Eah eah eah… que chin… a su madre Corea!!!!! Eah eah eah… que chin… a su madre Corea!!!!! Ese fue sin lugar a dudas el grito de reclamo de italianos y españoles cuatro años después cuando el comité organizador y la FIFA sobrepasaron la línea permitida para beneficiar a un anfitrión. Arbitrajes que rayaron en lo infame allanaron el camino para que Corea se situara en la semifinal frente a Alemania.
Pagaban justos por pecadores; caían tantos misiles de impunidad y corrupción sobre los campos de Corea como misiles SAM sobre Afganistán. En las salas de cine se escuchaba al tío Ben decir que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. En las salas de conferencia de los estadios, los representantes del máximo organismo minimizaban su responsabilidad y dejaban en claro su tiranía.
La maquinaria de poder una vez más dio muestra de su fortaleza, si alguna vez le juraron a Maradona que no podría jugar otro mundial y se lo cumplieron, ahora tocaba turno de demostrar que también se podía conseguir que un equipo de segunda llegara a una semifinal. En junio de ese año todos fuimos testigos de la decapitación del fair play.
Fuera del campo Guus Hiddink fue considerado un héroe nacional y fue canonizado en el estadio de Gwanju. Su ideario ofensivo continúa como patrón para un equipo que poco a poco demuestra que sus jugadores no sólo corren como si estuvieran tan atiborrados de drogas como un ciclista del Tour de Francia. Su producción de jugadores va a la par de su desarrollo industrial en el mercado electrónico.
Corea del Sur está en espera de alcanzar por primera vez y bajo meritos propios la segunda ronda del torneo. Y es que más allá de las cuestiones políticas que existieron durante el mundial realizado en casa, existe en sus cimientos un gran esfuerzo artesanal y cotidiano, realizado por parte de muchos y a lo largo de varias décadas.




